A UN AÑO DEL INICIO DE LA PANDEMIA
¿Marzo otra vez? ¡Wao! Es la única palabra que viene a mi mente al saber que ya ha pasado un año de aquel 13 de marzo del 2020; último día de lo que conocía como normalidad y donde empezó el temor a un virus desconocido que hasta entonces, solo sabía que venía del otro lado del mundo, que había personas muriendo, ya había algunos casos en Estados Unidos y hacía dos días había sido decretada como una pandemia. Aquel día al final de la tarde, luego de la reunión de staff, la cual fue con distancia social, nos informaron que a partir del lunes trabajaríamos desde casa hasta nuevo aviso. Recogí de mi puesto de trabajo cuadernos, lapiceros, suéteres y artículos personales que usaba en mi día a día. Salí de la oficina con una compañera la cual estaba un poco asombrada de mi caja -hoy me siento toda una visionaria-. Algo dentro de mí me decía que aquello llamado COVID-19 duraría más de dos semanas o 40 días. Mientras caminábamos por las desoladas calles de DC y con una sensación de incertidumbre, pasamos por mi casa a dejar mi caja y nos fuimos a recorrer un supermercado que ya estaba con la mayoría de sus anaqueles vacíos, situación que me dejó preocupada y con un mal recuerdo de revivir momentos del pasado en mi país natal,Venezuela. No lograba entender en esa oportunidad todo lo que estábamos empezando a vivir, solo pensaba en lo vulnerables que somos los seres humanos y cómo algo que ni podemos ver, puede cambiar el mundo de manera tan radical. Durante estos doce meses he desarrollado muchas habilidades nuevas, como también he atravesado por varios sentimientos. Algunos que nunca había experimentado como el miedo a salir de mi casa y contagiarme de una enfermedad mortal solo por tocar un botón de un ascensor. Lo cotidiano se volvió extraordinario, actividades como ir al supermercado, comprar por internet o conseguir papel higiénico eran tareas que se volvieron imposible de realizar y que demandaban mucho tiempo y esfuerzo para lograrlas debido a la alta demanda de alimentos y productos de limpieza. Pasaban los meses y mi mente fue adaptándose a la nueva normalidad y aprendí a cuidarme y a cuidar a los demás a mi alrededor. He enfocado mi tiempo en establecerme metas, rutinas y horarios, a realizar actividades que me gustan y me relajan como colorear, leer, ir al parque, ver series de Netflix, tomar fotos y hacer yoga en casa. Organizar mi tiempo entre mis horarios de trabajo, horario de entretenimiento y quehaceres del hogar me ha permitido aprovechar este tiempo en casa para aprender áreas nuevas, como mercadeo, que enriquecen mi perfil profesional. Reforzar términos y aprender nuevos temas en mi área de trabajo, que ha sido posible gracias a varios cursos en línea gratuitos como los de LinkedIn. Que vaya que es una cosa muy buena que nos ha dejado la pandemia y que también he valorado el saber que no estamos solos y que a un solo clic podemos conectarnos con nuestros seres queridos, esos que nos suben el ánimo cuando lo necesitamos y saben qué decirnos para apoyarnos y seguir adelante. He descubierto nuevos hobbies y rescaté algunos que tenía olvidados, como la fotografía. Con las clases en línea, he tenido la oportunidad de salir a practicar lo aprendido, así he podido también distraer a mi mente de la infinita rutina y obligarme a sacar el espacio para hacer algo que me apasiona. Gracias a la pandemia ahora me considero una persona más consciente de mis actos, que se atreve a salirse de su zona de confort, como escribir en un blog, estando enfocada en mis objetivos personales y profesionales, que disfruta el tiempo con los demás y agradece tener esos espacios. Mi mensaje final sería que debemos enfocarnos en soluciones y ver siempre el lado positivo a las situaciones y cómo podemos enfrentarlas con los recursos que tenemos a nuestra disposición.
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